Tipos de divorcios: Consecuencias para tus hijos.

De acuerdo con la doctora Anabell Pagaza, directora académica de posgrados en Psicoanálisis de la Universidad Intercontinental (México), el divorcio puede dividirse por la forma en la que se desarrolla el proceso en dos tipos: colaborativo y destructivo.

En una separación colaborativa, ambos padres comunican la noticia a los hijos, los deslindan de cualquier culpa o responsabilidad y explican que ahora serán una familia binuclear: “Papá y mamá no pueden seguir juntos porque hay peleas que afectan el ambiente en la familia; nosotros siempre seguiremos siendo sus padres, solo que ahora estaremos en casas separadas, pero pueden convivir con ambos”, ejemplificó Pagaza.

En un divorcio destructivo, en cambio, los padres colocan a los niños en una posición de rehenes para vengarse de la expareja o los ponen a fijar lealtades con un padre u otro, lo cual confunde a los menores y les genera un sentimiento de culpa: “¿Cómo quieres a tu mamá si nunca ha hecho nada por ti”, “cómo es posible que quieras a tu papá si nos abandonó”.

Lo principal es salvaguardar el bienestar de los niños o adolescentes y defender su derecho a convivir sanamente con sus padres aunque ellos vivan separados; a pesar de no haber funcionado como pareja, para los niños ambos serán siempre sus papás.

Si comparamos las características de un divorcio colaborativo con las de uno destructivo, en el primero prevalece el cuidado y la protección de los hijos sobre el conflicto conyugal, y las peleas son solo al inicio; en cambio, en el destructivo predomina el conflicto de pareja sobre el bienestar de los niños, y las peleas son permanentes.

Otra diferencia es que cuando hay colaboración no requieren de intermediarios. Llegan a acuerdos entre ellos; en cambio, en el otro tipo de divorcio, intervienen intermediarios litigantes en un contexto judicial o se presenta la participación de familiares, amigos e hijos.

Al colaborar ambos se asumen corresponsables y buscan acuerdos en función de las necesidades de los hijos; en el caso contrario, el proceso de duelo se estanca, y permanece la rabia y la necesidad de denigrar al otro y posponen llegar a acuerdos.

Las consecuencias para los hijos, cuando el divorcio no es un proceso sano y colaborativo, es que pierden confianza en los demás, aprenden a vincularse más al conflicto que al amor, tienden a repetir ese patrón de desconfianza en la vida adulta y se quedan mutilados de una de las dos figuras, sea paterna o materna.

Finalmente, Pagaza, quien ha visto desde la consulta privada cómo las parejas enfrentan la separación, menciona que, si bien es válido que los padres estén tristes, enojados o desilusionados, debe predominar ante todo el bien superior de los menores, por lo que recomienda: “Si sienten que no pueden solventar solos la separación, una opción es buscar un mediador familiar, como psicólogos, terapeutas familiares o de pareja que contribuyan a un divorcio menos doloroso y dañino para la pareja y sus hijos”.
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