El confinamiento aumenta el riesgo de divorcios

La pandemia del coronavius nos sitúa ante una experiencia inédita tanto a nivel colectivo como individual. El confinamiento implica que muchas personas se encuentran de repente ante la perspectiva de pasar el próximo mes en un espacio limitado y cerrado, acompañadas únicamente de su núcleo familiar más próximo.

En los últimos días se ha hecho viral el hilo de Twitter de un marino vasco que ofrece varias claves para manejar la situación. Algunos de los consejos del navegante se refieren a la convivencia con el cónyuge. No son sugerencias gratuitas. Las primeras noticias que nos llegan sobre las consecuencias de la reclusión masiva en China –un país que ya está en proceso de recuperación de la crisis sanitaria–, no son halagüeñas para las parejas: en algunas ciudades se ha registrado un récord de demandas de divorcio tras al aislamiento forzado por el coronavirus.

“No me extraña nada”, admite Mireia Cabero, psicóloga especializada en cultura emocional. “Sabemos que los periodos en los que hay más demandas de divorcio son después de las vacaciones de verano y de Navidad”.

No hay duda que nos encontramos ante un mes de riesgo para la convivencia y la estabilidad de las parejas. Cabero, sin embargo, apuesta por afrontar el reto desde la psicología positiva: “Hay que pensar en cómo disfrutar de las nuevas oportunidades que se nos presentan. Es una parada obligada en el camino, como cuando te rompes una pierna. Un buen momento para iniciar conversaciones positivas con la pareja: Reducir el hacer y centrarse en el ser y en el estar”.

“En estos días que vienen nos daremos cuenta que el hogar familiar ya no es un campo de rosas”, añade Francesc Núñez, sociólogo y profesor de la UOC. Hace sólo unas décadas era un espacio de bienestar y calma. Pero ahora es también un espacio de competición. Se compite porque ambos miembros de la pareja valoran su carrera profesional y su vida personal; o por ver quién dedica más tiempo al cuidado de los hijos.

El peligro potencial de que afloren tensiones es muy alto. “Es una olla a presión que puede explotar en cualquier momento”, coinciden todos los expertos consultados. “Sí o sí habrá momentos difíciles a nivel emocional. La frustración y la impotencia son respuestas naturales en situaciones de incertidumbre”, afirma Isabel Moreno, psicóloga, y sexóloga. “Muchos padres o madres –pero sobre todo padres– pasan mucho tiempo fuera de casa”, apunta Núñez. “Ahora, de golpe, nos expulsan de todos nuestros espacios sociales y nos confinan en casa, expuestos a todas estas tensiones y sin acceso a espacios de fuga. La gente más prudente lo soportará, pero muchas personas tendrán dificultades para contener sus emociones”, reflexiona.

Los tres especialistas alertan ante posibles situaciones de abuso y violencia doméstica. “Las personas agresivas no se relajan en entornos cerrados. Todo lo contrario”, advierte Mireia Cabero. “En relaciones que ya están rotas antes del encierro, o en las que hay conductas abusivas, hay que extremar las precauciones. Los violentos lo tienen ahora más fácil si cabe: las visitas a casa están restringidas, nadie verá por la calle a las mujeres maltratadas. O a los hijos. Las víctimas deben activar el coraje y buscar apoyo exterior enseguida. Y el entorno, los vecinos, deben colaborar más que nunca dando aviso a las autoridades ante cualquier sospecha de maltrato en el hogar”, alecciona Cabero.
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