Mediación: paz en la guerra del divorcio

DivorcioLa mediación familiar se viene utilizando con éxito desde hace años en países como Inglaterra, Francia, Suiza, Bélgica, Italia, Argentina, Canadá o Estados Unidos. En California, por ejemplo, una campaña publicitaria a favor de la mediación advertía que «el divorcio contencioso es nocivo para la salud» por el alto coste emocional que supone.

La fórmula de la separación es clave para los hijos: puede decidir un juez o sentarse los padres y llegar a un acuerdo. Para garantizar el derecho de los menores, la ley del 'divorcio exprés' sugiere recurrir a la mediación. PILAR QUIJADA/MADRID/AGE


En 1981 se aprobó en España la ley de divorcio. En estos veinticinco años el número de rupturas ha ido en progresivo aumento, hasta alcanzar un total de dos millones. En la actualidad por cada dos matrimonios que se celebran otro se rompe. Y las previsiones señalan que en 2010 la proporción será de uno a uno. Datos que corroboran que las rupturas matrimoniales son tan habituales como las bodas.

Si en las cifras referentes a rupturas coincidimos con el resto de Europa, nos diferencia la manera de abordarlas, que en España sigue siendo la vía judicial, que «se limita a acoger la pretensión de una parte de condenar a la otra, imponiendo unas reglas rígidas para regular las consecuencias de la ruptura», explica Pascual Ortuño, magistrado de la Audiencia de Barcelona. En el Juzgado se fija un convenio regulador por el que se regirán los interesados a partir de la separación y «los juristas -continúa el magistrado- pasamos a actuar como agentes esenciales en la resolución de unos problemas sumamente complejos que los ciudadanos padecen, y respecto de los que merecerían una ayuda profesional especializada».

Una ayuda especializada que la ley 15/2005 -conocida también como del 'divorcio exprés'- recoge: «Con el fin de reducir las consecuencias derivadas de la separación y divorcio para todos los miembros de la familia, mantener la comunicación y el diálogo, y en especial garantizar la protección del interés superior del menor, se establece la mediación como un recurso voluntario y alternativo de solución de los litigios familiares por vía del mutuo acuerdo, con la intervención de un mediador imparcial y neutral».

A diferencia de los procedimientos judiciales, basados en el enfrentamiento, la mediación facilita el diálogo, para que la propia pareja, de mutuo acuerdo, decida sobre la custodia de los hijos y cómo harán frente en el futuro a las necesidades económicas de éstos; la atribución de la vivienda o en qué momento se liquidará el régimen económico matrimonial. Acuerdos que luego recogerá el convenio regulador.

Cuando el juez decide

En opinión de Ignacio Bolaños, psicólogo y mediador, una de las claves de la mediación consiste en que apela a la responsabilidad de las personas, que pese a las dificultades que plantea la separación tienen que tomar decisiones importantes, la mayoría de las veces referentes a los hijos. De ahí se saca la capacidad de dejar de lado las diferencias y lograr un acuerdo. La ventaja frente a un contencioso son claras para Bolaños: «En el Juzgado las soluciones vienen impuestas desde fuera, con muy poco protagonismo de las partes. Y si una solución no está decidida por sus protagonistas hay menor tendencia a comprometerse con ella. Por eso las medidas judiciales se incumplen más que los acuerdos de mediación».

La mediación familiar se viene utilizando con éxito desde hace años en países como Inglaterra, Francia, Suiza, Bélgica, Italia, Argentina, Canadá o Estados Unidos. En California, por ejemplo, una campaña publicitaria a favor de la mediación advertía que «el divorcio contencioso es nocivo para la salud» por el alto coste emocional que supone.

Sin embargo, muchas parejas en proceso de separación desconocen esta alternativa a pesar de que la reciente reforma de la ley del divorcio establece que pueden recurrir a la mediación en cualquier momento del proceso judicial.

Javier Gómez sí conocía esta opción y la propuso a su pareja para que la separación afectara lo menos posible a sus dos hijos, consciente de que seguirían siendo de sus padres toda la vida. «No quería que el tiempo con mis hijos se redujera a dos fines de semana al mes y un día entre semana, como se establece en el juzgado», explica. La custodia compartida, recientemnte recogida en la ley, les facilitó las cosas, aunque aclara que se trata sobre todo de compartir la responsabilidades, porque «compartir no significa repartir al cincuenta por ciento». Aunque los pequeños viven en el domicilio materno, Javier los lleva al colegio a diario, como antes de la separación, y los fines de semana los pasan con él. Decidieron afrontar los gastos de los niños a medias y revisar el acuerdo cuando los pequeños cumplan doce años, «porque las circunstancias cambian, y no te puedes quedar encasillado», matiza Javier.

La mediación atiende tanto al conflicto legal como al psicológico y «promueve que cada parte tenga en cuenta además de sus necesidades, como habitualmente se suele hacer, las del otro. Para llegar a un acuerdo hay que ofrecer a la otra parte cosas que le importen y necesite, algo que a menudo se olvida», explica Gisela Kotliar, psicóloga, mediadora familiar y formadora de mediadores del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Para facilitar la negociación, aclara Kotliar, se recurre a profesionales de la Psicología, Derecho o Trabajo Social, que además están especializados en mediación familiar.

Campos de pruebas

Consciente de los beneficios de esta vía alternativa, el pasado mes de marzo el Consejo General del Poder Judicial puso en marcha en seis juzgados de Barcelona, Madrid, Málaga, Palma de Mallorca, Pamplona y Sevilla, respectivamente, una experiencia piloto para informar a las parejas en proceso de ruptura de las características de la mediación.

La experiencia, señala Pascual Ortuño, ha sido muy positiva: «El 27 por ciento aceptaron ir a mediación, lo que ya es un éxito si se piensa que niños de 27 familias se beneficiaron de la decisión de sus padres de llegar a un acuerdo amistoso». Sin embargo, la sorpresa vino de los que no aceptaron: «Aunque vayan pensando que sea el juez quien decida, el hecho de sentarse juntos durante media hora, a veces después de un año sin hablarse, y compartir reflexiones, hizo a muchos cambiar su dinámica y llegar a un acuerdo antes de terminar el contencioso», señala Ortuño.

La mediación puede ser eficaz también para facilitar que se cumplan los acuerdos entre familiares. Como en el caso de María y Ernesto, dos abuelos que tras la muerte de su hija perdieron el contacto con su nieto. A pesar de que una sentencia ratificaba su derecho a las visitas, su yerno hacía lo posible para impedirlas. Tras acudir a mediación la conflictiva relación con su yerno se suavizó. Ahora al menos pueden hablar por teléfono con él para acordar el momento y lugar en que podrán ver al pequeño. «No lo vemos tanto como nos gustaría, pero es el acuerdo al que hemos llegado», señalan.

Aunque inicialmente se ofertó a través de los servicios municipales, cada vez son más los gabinetes privados que ofertan entre sus servicios la mediación familiar, señala Gisela Kotliar, porque como vía alternativa de resolución de conflictos a través del diálogo permite llegar a acuerdos en cuestiones como herencias, cuidado de los mayores por parte de los hijos o conflictos intergeneracionales.