Jueces y abogados confeccionan una guía de buenas prácticas para pacificar conflictos familiares en los tribunales
CONSEJOS
Propiciar el acuerdo. Los abogados deberán hacer lo posible por alcanzar pactos entre las partes y hacerles ver las ventajas de un divorcio consensuado. Por su parte, los jueces suspenderán los juicios siempre y cuando tengan como finalidad conseguir esos acuerdos.
Los menores. Los jueces los explorarán desprovistos de toga, con la colaboración de un psicólogo o educador infantil. Lo harán en un espacio adecuado al niño y con un lenguaje adecuado a su edad.
Se remueven todas las emociones y eso se produce ante personas ajenas al conflicto que les ha llevado hasta allí. Revivir entre las cuatro paredes de un juzgado el fracaso de una vida familiar es casi siempre una experiencia traumática, que en muchas ocasiones no hace más que avivar la guerra del divorcio. El enfrentamiento se traslada a los menores, que, a menudo, se convierten en la moneda de cambio de los progenitores en los procesos judiciales.
Jueces y abogados de familia se han puesto de acuerdo para evitar en la medida de lo posible que el paso por el juzgados agrave los procesos de separación y divorcio. Para ello se han comprometido, unos y otros, a aplicar unas pautas de «buenas prácticas» para tratar de pacificar los conflictos familiares en los que tienen que intervenir.
«Se trata de que la gente salga del juzgado mucho mejor de lo que entra», explica el juez de familia José Luis Utrera, impulsor de esta guía de buenas prácticas, que se han comprometido a aplicar magistrados y letrados, cada uno dentro de su ámbito profesional.
Antes de llegar al juzgado, hay que negociar. Las partes deben tratar de llegar a un acuerdo, teniendo reuniones, «utilizando si es preciso la mediación familiar que está dando tan buenos resultados», añade Utrera. «En esto -apostilla- la labor de los abogados es decisiva».
Suspensión de juicios
También los jueces tienen aquí un papel importante, porque, por ejemplo, entre las buenas prácticas se recomienda que puedan suspender juicios con la finalidad de conseguir pactos entre las partes y facilitar señalamientos preferentes cuando no se alcancen para evitar demoras.
«Lo más importante es llegar a acuerdos y no instrumentalizar a los hijos como moneda de cambio en la fijación de pensiones y asignaciones de la vivienda familiar. Los letrados no pueden enfocar estos temas tan sensibles como si estuvieran en un proceso penal o mercantil», afirma Gabriela Domingo, delegada de la Asociación de Abogados de Familia de Málaga.
En ese sentido, la letrada considera esta guía, que ya se ha trasladado al Colegio de Abogados de Málaga, una orientación muy útil para aquellos abogados no especializados en la sensible materia de familia.
Entre las buenas prácticas que jueces y abogados se han comprometido a llevar a cabo para evitar que se incremente el conflicto familiar se encuentra, por ejemplo, no entrar en dinámicas de culpabilizar en los interrogatorios y huir de la personalización del conflicto.
La guía dedica especial atención a los hijos menores de las parejas que se separan y divorcian, que «no deberán comparecer en el juzgado», salvo requerimiento expreso de éste. En ese caso, la exploración la hará el juez desprovisto de toga, con la intervención de un psicólogo o educador infantil, y a ser posible en un espacio adecuado para el niño. Se tratará de citarlo sin demasiadas alteraciones para su vida, en coordinación con el centro escolar, y se evitará, sobre todo, hacerle esperar en sede judicial.
