En un divorcio hay que diferenciar que lo que se rompe es la pareja, no la familia

Las expectativas frustradas de un matrimonio roto pueden suponer también una puerta a la felicidad. José Manuel Aguilar, psicólogo clínico y forense, ofrece unas pautas para que facilitar y hacer más llevaderas las rupturas en Tenemos que hablar. Cómo evitar los daños en el divorcio.

 
– «¿Lo habré intentado bastante?». ¿Cómo se puede resolver a esta duda?
– A mis pacientes les suelo hacer estas preguntas: ¿te has imaginado sola o solo?, ¿te has planteado si con tu sueldo llegas a final de mes?, ¿te has imaginado buscando piso?, ¿te imaginas con otra persona? Es lo que llamamos el divorcio psicológico, que es distinto al legal, y que significa que ya te has divorciado mentalmente. En ese momento hay que plantearse no seguir intentándolo, porque no va a salir.
– Las rupturas con hijos son las más difíciles. ¿Por dónde debe comenzar un divorcio en condiciones?
– Por diferenciar que lo que se rompe es la pareja y no la familia. Para los niños, su madre y su padre son su familia, independientemente de si están juntos o separados. En cambio, las parejas tienden a mezclar esto. Los niños no se divorcian, y hay que mantenerlos al margen del conflicto de pareja.
– Los hijos son el nexo…
– Hay que romper todos los vínculos que nos unen, excepto aquello que es imposible que se rompa, que son los hijos. Por eso se deben liquidar los bienes y empezar de cero, cada uno por su lado. El problema es que tenemos una administración de Justicia muy conservadora. ¿Por qué se originan las guerras? Porque puedo conseguir agua, petróleo… Pues aquí nos jugamos a los niños, la casa y el coche. En general, la custodia de los hijos va unida a la vivienda y al pago de unas pensiones y eso crea unos intereses espúreos: quien se queda con los niños se queda con todo el paquete, por así decirlo. Pero si fuese todo por mitades, como en el resto de los países de occidente, habría menos intereses. Por ejemplo, nos divorciamos, vendemos la casa común y cada uno empieza su vida en un apartamento. Psicológicamente es fantástico, porque la gente inicia un nuevo proyecto vital sin depender ni estar condicionado por nadie. Mi casa quizás no tenga cuatro habitaciones, pero es mi casa y dejo entrar a quien me apetezca. El problema es que quien se queda con los niños controla una serie de contrapartidas. Y eso no puede ser.
– ¿Hay que priorizar la corresponsabilidad?
– Hay que quitarse la idea de que los hijos son de alguien. En una relación de pareja de hoy día, en la que ambos progenitores trabajan, a lo que hay que ir es a corresponsabilizarse mutuamente de la custodia de los hijos. Que no sea uno el que se encargue de los hijos y el otro se quede de visitador. Esta es una situación que se tiende a superar, entre otras cosas porque las mujeres de hoy día trabajan, así que se quedan con la doble jornada laboral: la de fuera y la de dentro de casa, que le recae en exclusiva. Entonces, lo que pasa es que el visitador es fantástico y para un fin de semana que ve a su niño para qué le va a regañar. 'Que te regañe tu madre', dice.
– ¿Qué soluciones se están adoptando para romper con el modelo de visitador de fin de semana?
– Por ejemplo, se están introduciendo días de visita entre semana en los cuales el progenitor visitante, que normalmente suele ser el padre, recoge al niño en el colegio, pasa la tarde con él, hacen las tareas… Se implica mucho más y es lo que corresponde con la generación de los jóvenes que hoy se están separando. La corresponsabilidad es básica, y se elaboran planes en los que todo queda reflejado: quién recoge al niño, cuándo, quién le compra la ropa…
– ¿Propuestas personalizadas frente a fórmulas generales?
– Se trata de aplicar un modelo estándar a todos o hacerles un traje a medida. Es imposible dar con dos familias iguales. Hay que ajustarse a cada realidad, que es lo que hemos hecho antes de divorciarnos: tenemos que continuar gestionando a los hijos en común, que tienen la necesidad de su madre y de su padre. ¿Qué te puedes encontrar? Por ejemplo, con una enfermera que trabaja a tres turnos y un bombero con jornadas de 24 horas seguidas y luego varios días de descanso. En este caso, lo lógico es que esos días tenga la custodia de los niños y en los que trabaja estén con su madre. De esta forma los dos tienen tiempo para estar con sus hijos y desarrollar su profesión. Se ven soluciones curiosas, como la custodia compartida entre un padre que vive en Marbella y una madre que reside en Vigo. Los niños funcionan por cursos escolares, y de septiembre a septiembre viven con uno de los progenitores.
-¿Y funciona realmente?
– El asunto es que ambos quieran que funcione y que, como marcan las directrices europeas, pueden llegar a un acuerdo a través de la mediación. Hay que sustituir el lenguaje del que gana y el que pierde, porque los niños hacen la comunión, se casan… y sus padres se van a tener que seguir encontrando. El sistema actual es de puro enfrentamiento, hasta el lenguaje es agresivo y se habla de ejecuciones de sentencia, la parte y la contraparte… y un extraño decidirá en un juzgado nuestro futuro. En vez de llegar hasta ese punto, con la negociación y la mediación familiar se buscar devolver la responsabilidad y la capacidad de decisión a la gente para que los padres lleguen a acuerdos a partir de una situación de igualdad.
– ¿Qué papel deben jugar los hijos en este proceso?
– Ninguno. Lo hijos no son mensajeros para enviarles recaditos al otro, ni son terapeutras para que los padres lloren en su hombro. Eso genera un conflicto de lealtades y una alienación parental, porque les hace inclinarse a un lado y eso implica enfrentarse al otro.
– ¿Por qué el divorcio se vive como un fracaso?
– En otras culturas, como la sueca, por ejemplo, el divorcio es sencillamente una nueva etapa para lograr el éxito. En cambio, para nosotros supone un fracaso. El cambio se dará cuando aprendamos a divorciarnos. El divorcio está asumido por la sociedad, pero no su sentido. Nos seguimos divorciando mal y seguimos echándole mucha culpa al pasado cuando lo que se nos ofrece es una nueva oportunidad para lograr la felicidad.

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